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lunes, 6 de julio de 2009

PALABRAS, GESTOS Y SILENCIO


Ahora que estamos en una era en que la información nos llega por todas partes sin parar, llega un momento que nos sentimos incluso abrumados y desorientados por el exceso, siempre el exceso de Yang se convierte en Yin y a la inversa, por lo que a veces el exceso de información se convierte en desinformación, y ¿a que viene esto?.Bien, ahora estamos viviendo unos momentos en las Artes Marciales en que aparecen maestros en cualquier sitio y Artes llamadas nuevas ( que no digo que sea malo), basadas en otras tradicionales y llegan la información de estos a cualquier sitio y viene en muchos casos el problema, cualquiera desde detrás de un ordenador o a través de publicaciones se dedican a insultarse unos a otros, sin ni siquiera en muchos casos conocerse, o conocer lo que hacen unos u otros, dando una penosa imagen al neófito de las Artes Marciales, que piensa que nos dedicamos a decir que nosotros somos los mejores, y al final se le quitan las ganas de comenzar a practicar estas Artes que tanto amamos, y algunos intentando aclarar, lo que hacen es perjudicar, cuando el tiempo pone a cada uno en su sitio siempre, y aquí viene el por que del título, ya que se refiere a la forma de actuar y comunicarse de los Maestros y sus alumnos.
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    Las palabras son muy importantes, gracias a ellas nuestras comunicaciones son muy fluidas y podemos aprender muchas cosas en poco tiempo, que sin ellas nos serían inviables, pero también estas pueden ser fácilmente manipulables, cualquier buen orador es casi capaz de convencer con la palabra de cualquier cosa, dependiendo de en que situación se encuentre el que está enfrente escuchando. Por todo ello no debemos de fiarnos sólo de las palabras, ya que estas pueden hacernos creer cosas que no se corresponden con la realidad y luego llevarnos a la decepción, lo bueno de las palabras es que casi nunca llegan a nuestro corazón, no llegan a pasar de nuestros oídos y de nuestra parte intelectual, de ahí que lo que nos dicen de palabra al final se nos olvida, y pocas cosas recordamos que hayamos aprendido con estas, por lo que con las palabras no podemos identificar al Maestro, pues tanto el Mercader del Arte como el Maestro las utilizan, unos más que otros.

    Los gestos son más importantes que las palabras, estos si que pasan a nuestro interior más fácilmente que las palabras, un gesto dice mucho del que lo hace, y son mucho más difíciles de disimular, uno puede estar mucho tiempo interpretando palabras hermosas e incluso los gestos nos pueden parecer adecuados pero al final el gesto verdadero nace espontáneo sin darse cuenta, para nosotros los budokas, viendo a alguien hacer un gesto sabemos si tiene vivencia en lo que hace, o si simplemente es un gesto bello y simplemente repetido. Por ello para nosotros tiene que ser mucho más importante el gesto que la palabra, y con el gesto es más difícil que nos engañen, aquí ya se empieza a vislumbrar la diferencia entre el Mercader del Arte y el Maestro, el primero habla mucho y hace poco, por lo que su transmisión se quedaría en la primera fase.
    El silencio es el momento sublime en la transmisión del Arte, cuando aparece el silencio no hay posibilidad de engaño ni de ocultamiento de nada, cuando el Maestro mira a los ojos al alumno en silencio es cuando realmente le está diciendo muchas cosas, cuando no hablan las palabras ni los gestos, si no los corazones, y esos momentos son los que marcan la vida del budoka, esos momentos de silencio, en el que el vacío tanto dice con tan poco. Esos momentos que hacen surgir la unión para siempre entre el Maestro y el alumno, y que hacen que el alumno esté siempre, sin que el Maestro tenga que pedirlo, cuando surge una comunión entre ambos que supera el entendimiento que nos puedan transmitir las palabras, y que cuando se llega a sentir, nos hace comprender mucho mejor los pequeños gestos, las palabras ahora ya dejan de tener ningún valor para nosotros. Por eso el Maestro no necesita llevar distintivos para que los demás lo identifiquen, si no que brilla entre sus alumnos con luz propia y de nuevo casi en silencio, está por encima de todos sin necesidad de imponer.
    Estoy seguro que quien haya sentido estos pasos sabe de lo que hablo, aunque bien es verdad que como todo, hay que tener la paciencia suficiente para descubrir cada uno de los tres pasos en los que he resumido lo que se podría llamar la relación maestro-alumno, y la diferencia entre vendedor-cliente . Por ello, debemos de buscar tener más alumnos y menos clientes, para poder hacer una buena cadena de transmisión y que estas Artes que tanto amamos, cada uno las suyas, pasen a las siguientes generaciones como han hecho anteriormente quienes nos las han trasmitido, y además eso nos garantiza el seguir adelante, un alumno estará toda su vida, un cliente hoy compra aquí y mañana allí por que no le une nada a lo que hace, lo único que le une es el precio, o que está de moda lo que hace, o que va un amigo, etc... y nosotros los alumnos debemos de buscar al Maestro, ya que este es el que nos va a transmitir una pasión que es su Arte, y nos dará toda su experiencia y una gran parte de su vida por muy poco.
    Yo puedo escribir estas palabras contento y a la vez orgulloso de poder decir que mis Maestros son como los he descrito anteriormente, y esto es lo que me da una gran ilusión de seguir adelante y de ponerme el kimono todos los días después de 29 años de práctica con la misma ilusión que me lo ponía cuando era un niño, con la idea siempre de encontrar el Camino, del que tantos hablan y tan pocos han descubierto.

    Quiero agradecer con este artículo la labor de mis Maestros, Jesús García, Joaquín Muñiz y Antonio Domínguez, por todo lo que me han trasmitido con sus silencios.

    Miguel A. Rojo. Profesor de: Iaido, Taijitsu, Karate, Tai Chi y Qi Gong. budogalicia

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