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sábado, 22 de agosto de 2009

LAS ARMAS DEL SAMURAI: LA ESPADA


No cabe duda de que la espada es el alma del samurái. Así reza el dicho popular y así fue en la época más violenta y guerrera de los samuráis en Japón, durante los siglos XIV, XV y XVI.

La espada es algo más que el arma principal del samurái en la lucha del cuerpo a cuerpo, por encima del arco, las flechas, la lanza o la alabarda; la espada constituía además un símbolo de estatus y una actitud moral y espiritual sublime.
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    La fabricación de la espada es otro de los detalles importantes tanto del alma del samurái como de la propia cultura japonesa. No en vano, antes de la fabricación de una nueva espada, se realiza una ceremonia religiosa en un santuario sintoísta y se acometía una limpieza ritual al herrero encargado de forjar la nueva arma de filo.

    De hecho, la figura del herrero es otro de los aspectos fundamentales a la hora de confeccionar una espada para el guerrero. El herrero era una persona que gozaba, sobre todo en el periodo de la Edad Media occidental, de un gran prestigio. Al contrario que otros artesanos, los herreros no pertenecían a la clase media, sino que formaban parte de la nobleza cortesana o de las familias samuráis; incluso a finales del siglo XII se declaró el oficio de herrero de espadas como una ocupación que sólo concernía a la alta aristocracia.

    Una espada samurái requería una media de 14 días de trabajo y constaba de dos partes bien diferenciadas, la hoja y el montaje. La hoja, que podía ser de un solo filo de acero templado, tenía un tratamiento de calentamientos y temples reiterados que originaban en la superficie de la hoja distintas figuras de formas diversas. El montaje, por su parte, era igual de laborioso que la preparación de la hoja, sobre todo en el caso de la empuñadura, el guardamano y la vaina.



    Al principio en Japón se usó una especie de espadas rectas y de doble filo introducidas desde China y Corea, pero con posterioridad al año 900 se desarrollaron espadas con características netamente japonesas. Fue a partir del año 900 cuando se distinguen tres etapas claramente diferenciadas en las clases de espadas existentes en Japón:

    - La época de las espadas antiguas o “Koto”, que se extiende hasta bien entrado el siglo XVI y que se caracteriza por la fabricación de espadas con hojas de más de 120 centímetros de largo. Normalmente los talleres y los herreros se situaban en las inmediaciones de los centros administrativos y del gobierno.



    - Periodo de las espadas nuevas o “Cinto”, que abarca desde la unificación del Imperio en el siglo XVI hasta la Restauración Meiji. En esta época se reduce la longitud de la hoja. Fue en este periodo cuando se consiguió la pacificación y unificación del país, lo que originó una cierta pérdida de poder de la casta guerrera, por lo que las espadas fueron desposeídas de su anterior función luchadora y se convirtieron en un símbolo de poder del samurái.

    - La tercera etapa comienza con la Restauración Meiji, en donde los samuráis perdieron el privilegio de portar espadas, por lo que éstas pasaron a fabricarse únicamente como artículo de consumo para el comercio tanto interior como exterior.

    Igualmente existen diferentes tipos de espadas por su longitud:

    - Las más largas, conocidas como “Daito” o “Katana”, tienen una hoja de no menos de 60 centímetros.

    - Como arma auxiliar se impusieron a partir del siglo XIV las espadas cortas o ”Wakizashi”, con una larga hoja de entre 30 y 60 centímetros. Este tipo de espadas eran usadas , fundamentalmente, para la lucha cuerpo a cuerpo y como instrumento para el suicidio ritual (“Seppuku” o “Hara-kiri”), así como para decapitar al enemigo, cuya cabeza era posteriormente transportada a la casa del vencedor como trofeo.

    - Por último, estaban las dagas o “Tanto”, que medían menos de 30 centímetros y que eran portadas por las mujeres cuando salían del domicilio familiar.



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